Reseña Histórica

En hora bien, ¿Pero eso de que Sébaco estaba asentado a orillas de la Laguna de Moyoá, para cuando se origina la leyenda de La Mocuana, que de cierto hay? El tema del supuesto asiento ya fue tratado ampliamente en el libro “Rasgando el Velo”. La leyenda comenzó a ser mal hilvanada por historiadores del siglo pasado, enredando en esa misma madeja a los ya conocidos historiógrafos tradicionales, la misma que hoy enreda a los que repiten ese cuento sin fundamento.

Según el Sr. Jaime Incer, fue el indigenista Dr. Alejandro Dávila Bolaños el que dijo (por tradiciones recogidas), que Sébaco estaba ubicado a orillas de la laguna de Moyoá. Pero lo más sorprendente es la afirmación que hace el Sr. Incer cuando (hablando de la misma laguna) dice: “…en cuyas orillas mercaderes aztecas fundaron Sébaco”. Es inexplicable la ligereza del Sr. Incer, porque si él mismo dice que la labor del historiador es “… intuir ciertas posibilidades “, entonces ¿por qué hace tal afirmación? Y en otra parte, afianzándose en el hallazgo de unas monedas de plata encontradas en el lecho seco de la laguna (citando una vieja Geografía de Nicaragua publicada por el Dr. Jorge Bravo en 1909), hace su propio juicio, que, lamentablemente, enredó más el ovillo al decir: “Parece que ahí estuvo (Sébaco) aún en tiempos de la colonia—. Y como si fuera poco, añade otro argumento: “Las evidencias arrojan conclusiones sobre la existencia de un Sébaco primitivo, aborigen, establecido junto a la laguna, o quizás en la isla, con el nombre de una deidad azteca… “

Tomando como base lo dicho por el Sr. Incer, (evidencias, conclusiones y afirmaciones), de que “…mercaderes aztecas fundaron Sébaco… ” a orillas de la laguna de Moyoá, haremos las siguientes consideraciones: Si tal afirmación, fuera del todo cierta, nos permite ubicar la supuesta fundación de Sébaco (así como la construcción del templo; labrar sus rectangulares y cilíndricas columnas de piedra, la representación de ídolos de “brazos cruzados” en estas últimas, trabajo arduo y de mucho tiempo hasta concluirlo) para la época en que Ahuizotl era el general en jefe de los ejércitos de la triple alianza (México, Texcoco y Tacuba) o durante su reinado (1486-1502). Período en que alcanza el apogeo de su carrera militar y política. Aunque William H. Prescott dice, que en los primeros años de reinado de Moctezuma II, la bandera azteca se vio ondear en las remotas regiones de Nicaragua. Esto es, más o menos, para el mismo tiempo en que Cristóbal Colón llegaba a las costas de Nicaragua (1502). Prácticamente, el templo en Moyoá tendría aproximadamente a la llegada de los españoles (1528), más o menos, como unos treinta años de haberse erigido.

Pero lamentablemente, lo aseverado por el Sr. Incer no encaja por ningún lado, porque los tiestos o restos de cerámica que se encuentran diseminados por toda la isla y orillas de la laguna denotan mayor antigüedad, en comparación a la perfeccionada y policromada artesanía azteca, que se encuentra superpuesta en los basureros precolombinos en el paraje de Carreta Quebrada. Si el Sr. Incer estuvo en Isla Honda, pudo darse cuenta a lo inmediato del detalle, además, las columnas rectangulares que él alcanzó ver y las cilíndricas ya mencionadas, no corresponden a la cultura que él describe.

Por lo tanto, el pueblo náhuatl que se asentó en las islas Honda y Seca, así como en los contornos de La Laguna de Moyoá y constructor del templo aborigen, era más arcaico que lo supuesto por el Dr. Jaime Incer.

Ahora bien, no se descarta que la laguna de Moyoá con sus respectivos islotes, estaban dentro del señorío de lo que era la confederación indígena de Sébaco a la llegada del invasor, y por las huellas destructoras de ídolos y del templo mismo (del que no quedó piedra sobre piedra), se infiere, que los ejércitos confederados libraron en ese lugar, una de las más fuertes batallas contra el conquistador español, ayudados por el cacique Tipitapa, que gustoso apoyó al extranjero en la conquista y derrota del aguerrido pueblo.Tipitapa había tenido varios encuentros con los indios de Sébaco sacando siempre la peor parte. Cuando los peninsulares le preguntaron el porqué su cuerpo tenía tantas marcas o cicatrices, dijo que habían sido hechas en combate con los pueblos serranos o chontales, refiriéndose a los indios náhuatle de Sébaco cuyos dominios se extendían por el sur hasta cihuatepetl o cerro de la mujer, en la famosa cuesta de El Coyol.

Después de todo lo dicho, se desprende una incógnita que no puede quedar en el misterio y debe ser develada por los que afirman y reafirman que el primitivo pueblo de Sébaco estaba fundado en las orillas de la laguna de Moyoá (cuando se originan las mancomunadas leyendas de La Mocuana y Los Tamarindo de Oro). Durante la nueva época colonial la doctrina cristiana fue administrada por los religiosos mercedarios Fray Lázaro de Guido, compañero de Fray Francisco de Bobadilla, esto provocó un choque violento de cultura, de dos religiones por un lado los españoles con su brutal ambición y su fanatismo religioso por otro, nuestros indios con su rica mitología, sus creencias milenarias, sus dioses y su cosmovisión sintética de lo divino;  permanecieron aproximadamente ocho años trabajando en la conversión de los indios, consiguiendo sacarlos de las montañas y prepararlos para el bautismo.

Sébaco desde su descubrimiento pasó a ser encomienda de las principales familias españolas y la audiencia de Guatemala considerando la importancia del pueblo como cabeza de provincia, lo nombran como cabeza de corregimiento y de residencia del corregidor.

En 1693, el pueblo de SÉBACO, víctima de graves opresiones, se reveló contra la autoridad del gobernador de la provincia de Nicaragua, derramándose mucha sangre indígena y española.

En 1756, Santiago de Sébaco siguió siendo cabeza del extenso corregimiento, siendo su corregidor Don Matías de Oropesa; por las frecuentes invasiones filibusteras, apoyadas por tribus salvajes, se designó a Matagalpa como base militar y residencia propia.

En 1833 se funda El Nuevo Sébaco de la Asunción estableciéndose en una predominante colina rocosa al sureste de la abandonada población donde encontraron refugio seguro.

En el año 1864, el valle de Sébaco es rico en maderas preciosas y el aprovechamiento del Palo del Brasil dio lugar a la creación del primer camino carretero que unió a Sébaco con León y además permitió la comunicación entre Corinto Rivas, y Managua. 

Es bien sabido que los españoles, por regla general, levantaban sus pueblos en las inmediaciones u orillas de los poblados principales conquistados (o hubiese riqueza mineral), para un mayor control y evitar posibles sublevaciones de los indígenas. León fue fundado junto al poblado indígena de Inhabite e igualmente lo fue Granada, junto a Xalteva, por citar dos ejemplos.

Entonces:

¿Por qué los españoles, después que conquistaron a los indios de Sébaco no trazaron o levantaron el pueblo colonial en los alrededores de la laguna de Moyoá, en donde supuestamente se encontraba el pueblo aborigen? Y si lo hicieron;

¿Quién puede decir, donde están sus cimientos?

¿Por qué hay restos de un pueblo español en el gran valle de Sébaco, muy alejado de Moyoá (50 kilómetros rumbo norte) en un sitio conocido como Río Viejo, hacienda La Perla?

¿Por qué en esas ruinas está grabado (aún puede verse) en una de las principales bases que sostenía una columna de lo que fue el templo colonial, el escudo de la orden de la Merced?

¿Por qué ese escudo que identifica a la antigua orden religiosa que llegó a Nicaragua en 1528 está grabado en los fundamentos del viejo templo?

¿Qué razones o motivos pudieron haber tenido los invasores españoles para levantar una población tan alejada de Moyoá, en donde supuestamente “estuvo ” el asiento indígena?

Bueno, por el momento es suficiente, aunque hay otras interrogantes que deben dársele respuesta para establecer la verdad histórica. Pero una cosa es cierta y muy ciertísima, que las fuertes y contundentes evidencias de un Sébaco aborigen y otro colonial, ya lo hemos dicho un sinnúmero de veces, se encuentran en el valle del mismo nombre. Los arqueólogos los encontrarán sin ninguna dificultad, cuando abandonen esa indiferencia apática que han venido demostrando por las culturas asentadas en el gran valle de Sébaco.

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